domingo, 25 de noviembre de 2012

Generación Distribuida en Chile, desafios y oportunidades

  Chile es un país en vías de desarrollo, muy rico en recursos naturales y en particular en recursos energéticos renovables tales como abundante irradiación solar desde el extremo norte hasta el sur del país, diversas cuencas fluviales, condiciones para la instalación de generadores eólicos a los largo del país y otras menos exploradas como potencial geotérmico . Sin embargo hasta la fecha, la matriz energética chilena se ha desarrollado principalmente en base generación hidráulica de gran escala y a centrales térmicas las cuales en su mayoría se valen de combustibles fósiles importados para generar. Por otra parte nuestro modelo de matriz energética como en la mayor parte del mundo se basa en el paradigma clásico de los Sistemas eléctricos de potencia, basado en contar con grandes unidades generadoras, lejos de los centros de consumo, grandes sistemas de transmisión en alta tensión, grandes consumos industriales y redes de distribución en baja tensión ahí donde la energía es consumida, trayendo consigo consecuencias en distintas materias extra energéticas, tales como ser factor importante de la exacerbada centralización del país, alta saturación en los sistemas de transmisión y nulo poder de negociación para clientes de consumos pequeños y/o domésticos.

   Fue bajo este contexto en el mundo en el que sistemas de generación distribuida o “GD” asomaron como una alternativa interesante al clásico modelo y en unos pocos años se han instalado con fuerza en países desarrollados que han hecho apuestas estratégicas por desarrollarla al punto en que han tenido que adaptar sus marcos regulatorios y normas técnicas dado el fuerte crecimiento porcentual que se ha dado. La GD consiste en permitir que cada usuario de la red de distribución pueda autoabastecerse de energía a través de pequeñas unidades generadoras de energía renovable y más aún permitir la inyección de energía a la red. Esto supone un cambio cualitativo tremendo en el sistema, y plantea desafíos técnicos enormes, tales como el dimensionamiento de protecciones funcionales en “dos direcciones” (consumir energía o inyectarla a la red) regulación de frecuencia y de tensión en condiciones de generación estocástica, diseño de conversores eficientes y seguros que permitan conectar las unidades generadores a la red, etc.

  Como en el mundo, en Chile se hará inevitable el crecimiento gradual de GD y tarde o temprano la legislación responderá a este fenómeno mundial. Sin embargo, el eventual crecimiento porcentual de GD trae consigo problemas más allá de los que hoy se pueden constatar. Y es que si el 30% o el 40% de la generación de una red de distribución depende de GD, las medidas actualmente aceptadas para unidades de GD ante fallas de la red o problemas con la calidad de suministro no serán viables, al punto que no será factible por ejemplo permitir la desconexión en masa de paneles fotovoltaicos ante fallas, más aún será necesario que estos colaboren a mantener la calidad del suministro sin desconectarse. El concepto hasta hace poco aceptado de considerar estas unidades generadoras como “consumos negativas estocásticas” dejará de tener cabida.

  La GD abre efectivamente una oportunidad excelente desde el punto de vista político-social, puesto que permite que los usuarios de la red puedan autoabastecerse de energía y más aún vender al sistema si su generación es mayor que su consumo. Pero también esta oportunidad plantea desafíos que debemos abordar oportunamente, generando condiciones favorables para permitir el desarrollo de estas tecnologías y tomando especial cuidado por educar a la gente sobre ellas, a los usuarios, a los niños que serán los ciudadanos que mañana tendrán el poder de construir un planeta más limpio y sustentable. De no ser así, no servirán de nada los esfuerzos por frenar Castilla, o por subsidiar un parque Solar en el norte, la solución está en una sociedad inteligente, con información y herramientas disponibles para incidir en el modelo, un modelo que no puede ser regido por los paradigmas obsoletos que hoy lo rigen.

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